noviembre 29, 2022

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Neurociencia y arquitectura: el futuro llegó hace rato

Pasamos el 90 % de nuestro tiempo dentro de espacios cerrados que influyen en nuestro estado de ánimo. Esta nota nos acerca a la neuroarquitectura, la unión de dos ciencias que pueden modificar el estado de ánimo.

Si bien el origen formal de la neuroarquitectura se remonta a la pasada década del 90 cuando se realizaron los primeros estudios controlados para medir las reacciones del cerebro ante determinados estímulos del espacio que lo rodea, la percepción de que los edificios tienen impacto sobre las sensaciones y estados de ánimo del ser humano son mucho más antiguas.

La neuroarquitectura busca construir edificaciones más humanas, saludables y placenteras, que reducen el estrés y la ansiedad. Foto: Pinterest

Por ejemplo, quien ingresa a una catedral siente que se activan sus sentidos. La altura de los techos, el eco de los sonidos, un cierto olor asociado a lo religioso, la luz que atraviesa los vidrios de colores reflejada en las imágenes… todo eso genera una experiencia muy particular. Estos edificios ya estaban construidos con la intencionalidad de provocar esas emociones pero no estaban basados en la evidencia científica que tenemos hoy y que nos permite identificar y prever la respuesta que el cerebro dará a los diferentes estímulos provocados desde la arquitectura.

La neuroarquitectura estudia cómo favorecer los estados anímicos que se pretenden conseguir a través de las edificaciones. Foto: Pinterest

Hoy, hay experimentos y maneras de medir las reacciones cerebrales para entender la neuroplasticidad con la que el cerebro interpreta, analiza y reconstruye el espacio que lo rodea.

La neuroarquitectura es la disciplina que estudia cómo el entorno modifica la química cerebral poniendo en marcha los mecanismos que producen las hormonas para el desarrollo de determinadas emociones, pensamientos y conductas, poniendo énfasis en diseñar edificaciones más humanas, saludables y placenteras, que generan felicidad y bienestar, fomentan el bienestar físico e intelectual, favorecen la productividad y reducen el estrés y la ansiedad.

“La arquitectura es una experiencia. Cada vez que entramos a un espacio, reaccionamos”, sostuvo Frederick Mark, miembro fundador de la Academia de Neurociencia para la Arquitectura de Estados Unidos. Si bien cada experiencia es individual y no hay una receta para aplicar la neuroarquitectura, sí existen algunos parámetros a tener en cuenta al diseñar.

La iluminación

La luz natural atrae, ayuda a la concentración y genera ambientes más amables que la luz artificial. Los espacios con vistas al exterior, bañados de luz natural y bien ventilados, favorecen la calma y mejoran el estado de ánimo de quienes los habitan.

En cambio, la luz artificial obliga al cerebro a esforzarse más en la tarea a realizar, incidiendo negativamente en la productividad.

Contacto con la naturaleza

El verde ayuda a abrir la mente, aumenta la concentración y favorece la calma. Foto: Pinterest.

La sensación de encierro genera estrés y disminuye la productividad. El contacto con el verde ayuda a abrir la mente, aumenta la concentración y favorece la calma. El contacto con la naturaleza genera en el cerebro la posibilidad de desconectarse y recargarse, favorece su correcto funcionamiento y relaja el estado emocional.

Observar la vegetación a través de una ventana o tener contacto directo con plantas de interior baja los niveles de estrés y ansiedad. Además, las plantas limpian, purifican y mantienen frescos los ambientes.

Los techos

Su altura también influye en la concentración y en las actividades de las personas. Los techos altos propician las tareas más creativas y artísticas, mientras que los bajos favorecen la concentración y son adecuados para fomentar un trabajo más rutinario. Los techos bajos también otorgan seguridad a la hora de dormir.

Los colores

La gama de colores azules dan sensación de confort y favorecen las tareas que requieren creatividad. Foto: Pinterest

Sabemos que influyen y condicionan el estado de ánimo, las decisiones y actitudes de las personas. Tener en cuenta las particularidades de cómo impactan en el cerebro, permite tomar decisiones respecto a las tonalidades para emplearlas eficientemente.

Los verdes se relacionan con la naturaleza, reducen el ritmo cardíaco, alivian el estrés, aumentan la sensación de confort y permiten percibir los espacios como saludables. También se asocian a sentimientos de paz y tranquilidad, como el blanco.

Para tener en cuenta: un ambiente completamente blanco puede generar ansiedad.

Los azules dan sensación de confort y favorecen las tareas que requieren creatividad.

El amarillo se asocia a la energía vibrante y a la diversión.

Los rojos producen sentimientos intensos, captan la atención del receptor, estimulan los procesos cognitivos y son de gran ayuda en tareas que requieren concentración mental.

Los contrastes de color son buenos para generar energía, en cambio los colores análogos provocan comodidad. En cuanto a los tonos, los pasteles comunican calma y los vibrantes invitan al movimiento. Las texturas también influyen en los sentimientos que generan al tacto.

Las formas

Los contornos suaves son más acogedores y cómodos. Foto: Pinterest

Los ángulos y la disposición de los elementos arquitectónicos también influyen en el cerebro. Así, los espacios rectangulares son percibidos como menos agobiantes que los cuadrados, que provocan mayor sensación de encierro.

Los ángulos marcados nos ponen alerta favoreciendo la aparición de estrés o ansiedad, mientras que las curvas y los contornos suaves resultan más acogedores, otorgan sensación de seguridad y comodidad.

Un espacio práctico, cómodo, funcional, abierto, en el que fluya la energía será percibido favorablemente. Asimismo, un ambiente en el que se tienen en cuenta las proporciones y las relaciones de equilibrio y orden entre los elementos, será concebido como bello.

La acústica

El córtex auditivo también influye a la hora de desconectar el cerebro. Esta zona es la que se ocupa de interpretar las vibraciones del sonido.

Si una persona escucha música de su gusto, genera mayor cantidad de dopamina, encargada de causar sensaciones placenteras, de relajar y de mejorar la concentración.

Es importante prestar atención a los sonidos ambientales y en cómo influyen en la actividad que se va a desarrollar en el interior de las edificaciones. A veces es necesario utilizar materiales para aislar acústicamente los ambientes. Un dato a tener en cuenta es que las superficies duras producen eco de las ondas sonoras que causan estrés.

Diseño y arquitectura siempre tienen un propósito: el de mejorar la calidad de vida de las personas, y la neurociencia vino a ayudar a conseguirlo. No se trata de una cuestión de costos sino de valores. La funcionalidad de los espacios, el impacto ambiental de los materiales utilizados y las emociones y sentimientos que despertará la edificación en quien la habite es un norte que debe guiarnos para construir de un modo que nos haga más felices.

Fuente: LA VOZ