agosto 17, 2022

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Repensar nuestro jardín frente al cambio climático

Pensar el cambio climático como un suceso a futuro es cosa del pasado y el hecho de no haber sabido actuar ante las señales de alerta de las últimas décadas implica que hoy tengamos que asumir que "el cambio climático sucede ahora"
Baldosas cribadas y contenciones, contribuyen a demorar el escurrimiento del agua

Nuestra generación ya es testigo de las consecuencias del calentamiento global y del cambio en los ecosistemas regionales que ello provoca.

Afortunadamente, para los especialistas, hay una luz de esperanza. Y así como el hecho de no actuar a tiempo nos puso en un escenario mundial en el que las catástrofes ambientales son cada vez más recurrentes, existen acciones que podemos (y debemos) implementar para intentar revertir o, al menos, mitigar la situación.

Adaptación y adecuación

Para los especialistas, es posible pensar en una interacción entre “adaptación y adecuación”. Porque el proceso de transformación ocurre en un devenir recíproco entre adaptación y adecuación y no se transforma solo el entorno sino ambos, entorno y sistemas.

La situación global que por estos días es advertida por organismos internacionales de todo el mundo ya tiene impacto tanto en el medioambiente como en la economía y la salud y se traduce en temperaturas extremas, precipitaciones intensas, inundaciones o períodos de profunda sequía.

Frente a ello, se pueden pensar cambios en distintas escalas y también en nuestro jardín como una manera de hacer un aporte al medioambiente.

Esos cambios se orientan a dotar a ese espacio de condiciones de biodiversidad, a que sirva de amortiguador de intensas lluvias, a que sea flexible y austero, demandando la menor cantidad de riego artificial posible y el menor uso de combustible para su mantenimiento.

Recomendaciones

Entre los consejos que podemos implementar en nuestros hogares, recomiendan limitar las superficies de césped a las zonas que realmente lo requieran, lo que redundará en una menor demanda de cortes y, por ende, menor uso de combustible. A la vez, todo ello implicará menos emisiones de gases al ambiente.

Sugieren también que en los sectores donde el césped sea innecesario pueden implementarse especies vegetales conocidas como “cubresuelos”, al tiempo que recomendó no utilizar sopladoras en espacios abiertos y reemplazar esa tarea por el barrido manual.

Otro consejo se orientó a limitar el uso de materiales foráneos, es decir, no tener que trasladar componentes externos y reutilizar todo lo que pueda encontrarse dentro o cerca del terreno.

Aprovechamiento del agua

Aprovechar el agua de lluvia puede ser tan beneficioso para nuestro jardín como para el entorno que nos rodea, debido a que dejarla escurrir implicará a la vez un problema ante un fenómeno de intensas lluvias.

Algunas estrategias que pueden ser adoptadas en nuestro hogar permitirán retener el vital elemento y enriquecer nuestro territorio con sus minerales.

Microzanjas, pozos drenantes, sangrías subterráneas, bordos de contención o aterrazamiento de terrenos con pendiente son algunas de las alternativas domésticas que permitirán frenar el drenaje del agua y retener el líquido en aquellos sectores donde luego podamos cobijar especies funcionales a nuestro propósito de aprovechamiento hídrico.

Otra manera de “cosechar el agua de lluvia” puede estar dada por la instalación de colectores que capten el líquido desde los desagües pluviales y los canalicen hasta un tanque cisterna o acumuladores.

Los “techos vivos” constituyen otra estrategia de aprovechamiento y retardo del escurrimiento de aguas y, también, en superficies como solados o espacios para estacionamiento, el uso de baldosas cribadas puede ser una estrategia que también se oriente hacia el mismo fin. “Disponer de césped es mejor que una superficie de hormigón liso, pero tener zonas vegetadas es lo que mayor resultado nos dará frente al escurrimiento del agua”, sostienen los especialistas.

A la vez, ponderan el “saber hacer” que tienen consigo las plantas nativas, destacando su capacidad de rebrote, adaptación y supervivencia tras someterse a condiciones extremas.

Resaltan la necesidad de repensar la normativa vigente y concebir un Factor de Ocupación de la Biodiversidad (FOB) que destine un porcentaje de cada terreno al desarrollo del hábitat natural de cada región del país, fundamentalmente en la zona serrana, donde la flora y la fauna se ven perjudicadas ante el avance de la urbanización del territorio.

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